Field está en los grupos de WhatsApp de su obra. Lee cada mensaje, cada foto y cada nota de voz, lo cruza contra los planos y le avisa el mismo día.
Pregúntele por su obra y le contesta: cómo va cada frente, qué pasó ayer, quién reportó qué. En español y por WhatsApp, con la foto o el audio del que salió cada cifra.
Se entera el día que pasa, no ocho después: lee todo lo que se mueve en la obra y le avisa apenas algo se sale de ruta, con hito, responsable y la evidencia que lo prueba.
Le pregunta a cada quien lo suyo: el miércoles a las cuatro revisa qué le falta para cerrar el informe y le escribe a cada responsable por aparte. A nadie le pregunta lo que ya sabe, ni lo que no le corresponde.
Llega antes que la reunión: jueves 7:00 a. m., tres horas antes del comité. Con las cifras, el PDF adjunto y el mismo archivo en el correo de los seis miembros. Nadie entra a un sistema nuevo para leerlo.
Trescientas personas mandando textos, fotos y notas de voz por los grupos que ya usan. Ahí está el avance real de cada tarea, disperso en nueve mil mensajes al año.
Field lee el grupo, entiende el español de obra y engancha lo que se dijo con el hito de la programación, con su foto, su hora y quien lo reportó.
Lo verificado sube, lo que se atrasó saca su cola ámbar, y el avance global se recalcula. Nadie digitó nada. Cada cifra se puede abrir y ver de dónde salió.

Treinta minutos. Nos cuenta de su obra y le mostramos cómo se vería su primera semana verificada.